El Libro de viento (1995 – 2000)

Plata sobre gelatina sobre álbum de 35x31 cm confeccionado con material original recuperado de la década de 1920.

Al viento se le atribuye el poder de convertirlo todo en efímero, esa capacidad de borrar huellas, llevarse palabras, invalidar compromisos y arrasar deseos.

Por Cecilia Rabossi (*)
“Ese tiempo suspendido se ve en el trabajo El libro de viento de Joaquín Rodríguez. Con la fotografía como lenguaje, se adentra en la pampa, en el desierto. Si bien en sus obras hay huellas, rastros de la presencia del hombre, los objetos que encuentra han perdido su utilidad y se convierten, como señala Celina Roca, en “(…) esculturas caprichosas dentro de un vasto mar de arena y de rutas (…)”. Rodríguez emplea técnicas de envejecimiento, “maltrata” la película sometiéndola al contacto con la tierra del desierto o exponiendo los viradores a la luz del sol. Como plantea Rodrigo Alonso “El azar es tan responsable como él (el artista) de las marcas que atribuimos al autor”. Por este complejo procedimiento descripto, las obras se convierten en piezas únicas que son concebidas como objetos. El horizonte es una presencia empecinada en todas las obras, pero elige un punto de vista donde la distribución de cielo y tierra se equilibran.”
(*) Crítica y Curadora. Para “Argentina Pinta Bien”, Buenos Aires 2008

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